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Xaxo

Hasta principios del siglo XVII, el habla culta española prefería todavía el fonema /ʃ/ para la grafía <x>, que adoptó su contenido velar de forma normativa hacia 1650 (aunque fue descrito ya por los gramáticos del XVI).

Pasa que, tras la desafricación y desoniración de las sibilantes medievales, los tres resultados sordos /ş/, /z/ y /ʒ/ se articulaban en una zona muy estrecha y solían dar lugar a muchas confusiones. Por eso, los miembros extremos cambiaron su lugar de articulación, de donde surgió la velarización de /ʃ/ > /x/.

¿Qué sucede con Espinosa (1594), fuente para el término «xaxo» (‘cadáver mirlado’)? Conforme a la arbitrariedad gráfica de la época, hace un poco de todo. Por supuesto, emplea <x> en su versión sibilante, «Achicaxna», pero también velar, «Adexe».

Entonces, ¿qué criterio se ha seguido para la restitución etimológica? El análisis interdialectal. Esto no significa buscar el paralelo que convenga a una hipótesis determinada, sino rastrear la fonética de los términos implicados en los campos semánticos potenciales. En este caso, el campo semántico ‘seco’, ‘secar’, ‘desecar’, que es el elemento principal en el proceso de mirlado y el resultado aparente más destacado que adquiere el cadáver tratado de esta manera.

Así, la comparación interdialectal revela un primer radical /z/, que muy bien podía haber evolucionado hacia esa <š> /ʃ/ postalveolar expresada como <x>, pero también un segundo radical <ɣ> /ʁ/, que no admite otro cambio fonético que la pérdida de sonoridad en la tensión (ɣ > qq), como en el šaqqo de «Chacoñamet», de ninguna manera representado por <x> postalveolar.

Conclusión: «xaxo» se podría leer, y hasta haber pronunciado, /ʃaʁo/, pero nunca /ʃaʃo/. Y, dado que el propio Espinosa acude al dígrafo <ch> en «chaco» (‘hueso’ = ‘reliquia’) para reseñar /ʃaqːo/, habrá que admitir que «xaxo» está representando la pronunciación /ʁaʁo/.