Epigrafía

En esta sección se exponen algunos ensayos preliminares de interpretación referidos al material epigráfico insular, muy lejos todavía, como es fácil suponer, de un catálogo de resultados que pueda tenerse por absolutamente fiable. Este dominio de las investigaciones presenta algunas peculiaridades que limitan de manera severa los análisis, por lo que se prefigura como un sumario que apenas pretende mostrar algunas recurrencias y sugerir líneas de lectura.

Grabados alfabéticos (Distrito SW, S/C de Tenerife). Foto: Víctor Toribio (2017).

Sin inscripciones bilingües, que en Canarias se limitan a unas pocas piezas latino-amazighes en las dos islas más orientales (Pichler 2003), se torna imposible ganar certezas determinantes. Con seguridad, tampoco ayuda un sistema gráfico, conocido por lo general como tifinagh,1 donde la escritura adopta cualquier dirección, no emplea vocales ni suele segmentar las palabras, circunstancias todas que diversifican los niveles de lectura y el número de traducciones potenciales. A lo que es preciso adicionar, por si esto fuera poco, la concurrencia de antiguos caracteres tanto líbicos como saharianos, junto a ciertas ligaduras datadas en los repertorios continentales para fases más modernas.

Por eso, la epigrafía concita la mayor complejidad en las investigaciones filológicas ínsuloamazighes. Se ha de tener presente que maneja dos códigos, el gráfico y el lingüístico, enlazados por experiencias sociohistóricas particulares. El primer paso consiste en esclarecer las equivalencias de los signos, pero eso no resuelve la cuestión de los significados. Por ejemplo, con el alfabeto latino se escriben una gran cantidad de lenguas diferentes. Pero, incluso así, unas utilizan ciertos diacríticos y otras no. Es decir, dentro de parámetros exclusivamente gráficos, también hay que contemplar posibles singularidades.

Muestra de escritura tifinaq continental (Tassili n’Ajjer, SE Argelia).

Por descontado, el inconveniente principal para llegar a penetrar el sentido de las inscripciones será en mayor grado lingüístico. Si no se conoce la lengua o, en el ámbito insular, la modalidad de habla pertinente, no habrá manera de avanzar en estas indagaciones. Porque se puede avanzar. En una sopa de letras, si se entiende el idioma, siempre se encontrarán secuencias con significado aunque se ignore el tema de referencia. En la epigrafía, la situación se asemeja bastante: unas cadenas de signos (letras) tienen sentido y otras no, dentro de esa lengua, en esa variedad de habla concreta.

En el plano gráfico, se advierten algunas especificidades en Canarias que complican los estudios, pero, en general, el obstáculo más oneroso remite sin duda a la notoria escasez de contextos útiles, la acentuada penuria de información sociohistórica que permita depurar el análisis, cribar esas significaciones permisibles. Por ejemplo, hasta ahora, muy pocas veces la investigación ha detectado alguna evidencia tan nítida como la que se ha revelado en la inscripción del Barranco de la Sierra (Gran Canaria), donde la toponimia actual conserva la idea ‘boca’ (de la Sierra) para el ‘paso’ que anota el texto original. Este tipo de validaciones no son frecuentes, pero se ha de confiar en que aparecen cuando se aplican los conocimientos ya consolidados acerca de la modalidad de habla correspondiente.

Grabado alfabético en el Barranco de la Sierra (Gran Canaria). Foto: LBI Project.

Para la traslación romance de los signos, aquí se ha tomado como auxilio cardinal la síntesis efectuada por el eminente profesor danés Karl G. Prasse (1972: 152-157), completada con los trabajos precursores de J. B. Chabot (1940-1941), A. Basset (1959) y J. G. Février (1956, 1959). No obstante, también se han tenido en cuenta las valiosas contribuciones de otros autores tan competentes en la materia como G. Camps (1978), L. Galand (1988, 1989), S. Chaker (2002), S. Chaker y S. Hachi (2000), S. Ait Ali Yahia (2012), W. Pichler (1996b, 2000, 2003), J. Álvarez Delgado (1964), A. Belmonte et al. (1998) y R. Springer (2001).

Las comparaciones fundamentales han sido establecidas con los inventarios alfabéticos más antiguos (líbicos y sahariano) en los que se habrían representado las diversas modalidades continentales de la lengua amaziq, aunque la investigación ha revelado de igual manera la comparecencia puntual de valores y recursos algo más modernos (hecho que será oportunamente reseñado en los asientos respectivos). Pero, como es lógico, a partir de un corpus tan reducido resulta obvio que esta aportación inicial habrá de ser ampliada y enmendada en el futuro.

Estas son, pues, las series gráficas movilizadas y las equivalencias aducidas para interpretar las inscripciones isleñas:

[Ver PDF adjunto].

Respecto a su alcance sociolingüístico, interesa recordar que la cultura amaziq ha surcado los milenios sobre la base de una fecunda oralidad, por lo que, hasta fechas muy recientes, la escritura siempre había permanecido sujeta a registros con frecuencia simbólicos. Dominios funerarios y lúdicos parecen haber primado en las ejecuciones continentales, aunque el acervo isleño sondeado en esta obra no delata esa caracterización. En una cantidad más que apreciable, estas muestras de epigrafía insular, cosechadas de modo aleatorio en todo el Archipiélago, abarcan declaraciones y sentencias que traslucen un sugerente tono testifical y, por momentos, incluso hasta notarial, a menudo se diría que apoyado también por la presencia de algún elemento natural, como el agua. Ingredientes, en suma, texto y recursos adicionales, ensamblados en una dinámica simbólica que evoca sin duda valores mágicos y místicos.

Agrupados por islas, a continuación se relacionan los asientos dedicados a los veinticuatro (24) fragmentos epigráficos examinados.

[Ver relación de entradas correspondientes].

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1. En origen, el concepto se refiere sólo a la escritura de las poblaciones tuaregs, forma moderna de la antigua variedad sahariana, aunque se ha extendido su uso a todas las modalidades alfabéticas de la lengua. Para su étimo, ver el lexema [F·N·Γ]. Cf. feneco.